
El miedo, una emoción básica de supervivencia, puede volverse disfuncional cuando se basa en amenazas imaginarias o exageradas, afectando negativamente la salud mental y el bienestar social. La publicidad, especialmente en sectores como la seguridad, ha explotado esta emoción mediante estrategias que inducen ansiedad y percepción de vulnerabilidad, como ocurre con las campañas de Securitas Direct en España. Estas tácticas, aunque comunes, pueden distorsionar la percepción del riesgo y fomentar decisiones de consumo impulsivas. Investigaciones en criminología y psicología han demostrado que el miedo al delito, aunque no siempre fundado en experiencias reales, puede provocar aislamiento social, deterioro emocional y desconfianza institucional. En respuesta, el Anteproyecto de Ley de Consumo Sostenible (2025) en España propone prohibir la "publicidad del miedo", exigiendo información objetiva y verificable. Este avance legislativo subraya la importancia de que la investigación académica oriente políticas públicas más éticas, demostrando que el conocimiento científico puede y debe tener efectos reales en la sociedad.
