
El capítulo analiza el reclutamiento y capacitación de funcionarios de casilla en comunidades indígenas del IX Distrito Electoral de Ixtlahuaca, Estado de México, integrado por los municipios de Ixtlahuaca, Otzolotepec, San Felipe del Progreso y Temoaya, donde habitan más de 431 mil personas, de las cuales 80 mil son hablantes de lenguas indígenas como mazahua y otomí. El estudio, basado en entrevistas realizadas antes de las elecciones federales de 2015, muestra que los funcionarios del INE enfrentan dificultades para notificar y convencer a los ciudadanos insaculados, no tanto por los usos y costumbres en sí mismos (sistema de cargos, fiestas patronales, autoridades tradicionales), sino principalmente por la desconfianza hacia los forasteros derivada del aislamiento geográfico, las barreras del idioma, la estructura patriarcal familiar que limita la participación femenina (pues las mujeres requieren permiso del padre o esposo), la cooptación de ciudadanos por partidos políticos que ofrecen mejores pagos, y el desinterés ciudadano ante la percepción de que los procesos electorales están manipulados y no representan a las comunidades. El autor señala que el INE carece de un catálogo de usos y costumbres y de estrategias diferenciadas para trabajar en zonas indígenas, por lo que las dificultades se resuelven empíricamente, logrando éxito principalmente al contratar como capacitadores a habitantes de las propias comunidades que dominan las lenguas originarias. Finalmente, el trabajo contextualiza que, pese a las reformas constitucionales de 1992, 1998 y 2001 y al reconocimiento de la composición pluricultural de México, los pueblos indígenas siguen en condiciones de pobreza y marginación, sin lograr constituirse como actores políticos relevantes.
