
Este artículo analiza el desgaste de los mandos intermedios en organizaciones contemporáneas y demuestra que su aparente falta de liderazgo no es un problema de habilidades individuales, sino la consecuencia directa de un diseño deficiente del trabajo. Cuando los procesos son difusos, las prioridades contradictorias y la carga cognitiva está mal distribuida, la capa intermedia se convierte en un nodo de fricción que absorbe tensiones que la estructura no ha resuelto. El texto argumenta que la solución no reside en la formación reactiva en liderazgo, sino en la intervención operativa: clarificación de procesos, criterios explícitos, roles definidos y condiciones que permitan liderar sin caer en la supervivencia.
