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El desarrollo de las vacunas se puede considerar uno de los grandes avances científicos de la historia, con los que se han conseguido resultados más que contrastados en la erradicación o minimización de diversas enfermedades. Pese a ello, existen grupos de detractores que por diversas causas no creen en ellas o consideran que no son eficaces y forman parte de un lucrativo engaño de la industria farmacéutica. El gran problema de estas posturas radica no solo en poner en peligro la salud de sus propios hijos al evitar que sean vacunados, sino la salud de todos, al dejar resquicios en la inmunización colectiva frente a diversos patógenos (efecto rebaño). Es indudable que la globalización de la información, a la que hoy todos tenemos acceso a través de internet, ha multiplicado el número de personas que han dejado de creer en las vacunas. No toda la información publicada está contrastada científicamente, por lo que los bulos o las informaciones erróneas, incluso intencionadamente falsas, dan lugar a que personas con escasa formación puedan acabar tomando decisiones equivocadas, con consecuencias muchos más graves de lo que, en su ignorancia, puedan llegar a pensar. Junto a ellas, y aún más preocupante, están las personas con formación académica e incluso personal sanitario que mantienen el mismo criterio. Desafortunadamente, las vacunas no son inocuas, al igual que ningún medicamento, pero innumerables ensayos científicos así como datos epidemiológicos recabados durante décadas constatan, sin ningún género de dudas, que sus beneficios son muy superiores a sus riesgos, siendo mayores dichos beneficios cuanto más se universalice su implantación. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se advierte del riesgo de enfermedades que no han sido erradicadas y cuya incidencia está aumentando debido en parte a los movimientos antivacunas, junto a otros factores como los movimientos migratorios, la baja cobertura de vacunación en determinados países, etc. También se insiste en utilizar las redes sociales y todos los medios que internet pone a nuestra disposición para informar a la población sobre la necesidad de vacunar, puesto que este método de difusión es precisamente el que utilizan los grupos antivacunas para propagar sus ideas. Junto a esto, se insta a las autoridades a implantar medidas coercitivas como multas, prohibiciones de los niños para asistir a guarderías, clases, etc., ya que en una cuestión de salud pública debe priorizarse el bien de la población frente a la libertad de los individuos, salvo razones médicas.
Universidad de Sevilla. Doble Grado en Farmacia y Óptica y Optometría
Vacunas, Internet, Inmunización, Enfermedades emergentes, Grupos antivacunas, OMS, Redes sociales, Sarampión
Vacunas, Internet, Inmunización, Enfermedades emergentes, Grupos antivacunas, OMS, Redes sociales, Sarampión
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