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La cueva de El Sidrón es conocida por sus restos neandertales y musterienses procedentes de la Galería del Osario (GO en adelante), pero el complejo kárstico alberga otras galerías y abrigos con restos de ocupaciones prehistóricas posteriores (Rasilla et al., 2011, 2014a). Previamente a las intervenciones arqueológicas, en 1975 se dieron a conocer unas pinturas rojas y grabados procedentes de la Galería de las Pinturas (GP en adelante), además de varios restos de fauna antigua en la próxima Galería de los Huesos (GH en adelante) (Pinto, 1975) (Fig. 1). Posteriormente, en el año 2000 se realizó un estudio de las representaciones parietales (Rasilla et al., 2011: 189-191). En él, Fortea señalaba las características principales de la galería, algunas de las cuales la dotaban de singularidad en el contexto próximo cantábrico, dado que el soporte gráfico era arenisca en vez de caliza carbonífera, carecía de representaciones figurativas y los signos rojos eran básicamente Las grafías parietales rojas de la Galería de las Pinturas de la Cueva de El Sidrón (Piloña, Asturias) trazos rectilíneos, óvalos y omegas, adaptándose estos últimos a la morfología de la pared mediante un trazo delineante y dispuestos en una lateralidad consistente en formas rectilíneas concentradas en la pared norte y formas curvas en la sur. Todo ello en una galería estrecha y topográficamente singularizada, aunque carente de otras zonas de paso decoradas. No obstante, este estudio dejaba abiertas algunas cuestiones, tales como una descripción morfo-estilística más detallada y una asignación crono-cultural más concreta pues, aunque les reconocía un carácter paleolítico genérico (Rasilla et al., 2011: 191), las dudas se mantenían. La cueva había sido muy frecuentada desde antiguo y así lo atestiguaban las diversas contaminaciones que habían quedado plasmadas en las paredes y el techo de GP (Pinto, 1975; Rasilla et al., 2011; 2014a). Curiosamente, El Sidrón fue descubierta poco después de Tito Bustillo. Por otro lado, a medida que las excavaciones se ampliaron en la cueva y el exterior, nos encontramos con un abanico más amplio de ocupación prehistórica ligada al complejo kárstico (Rasilla et al., 2011:167-178), lo cual obligaba a replantear las cuestiones que Fortea había dejado en el aire. Desde 2011 se ha venido realizando un estudio más pormenorizado, tanto de GP como de las galerías anexas (topografía, petrología, etc.), de las representaciones parietales y su conservación (Rasilla et al., 2014a; 2014b; 2018).
12 páginas.- 5 figuras.- 17 referencias
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