
doi: 10.1400/18029
Paradojica parece la idea de vencer a la muerte con la muerte. Pero deja de serlo cuando la muerte es sentida no como el final irremediable de la vida, sino como el acceso a la vida o, mejor aun, a la vida verdadera. El cristianismo hizo un topico del tema, cuyo registro incipiente arranca desde la cultura griega. Su trans formacion, y la de los modelos heroicos que habia comenzado a operarse desde la aparicion de las epopeyas homericas, tuvo un hito destacado en las obras de los primeros escritores cristianos. La Antiguedad clasica habia acunado la figura del guerrero que, en la flor de sus anos, supo encontrar el cumplimiento perfecto de la vida en la denominada pulchra mors. El modulo se asignaba a la muerte heroica del joven combatiente caido en primera linea de batalla; la epopeya celebraba su nom bre y cantaba su gloria imperecedera1. Ese tipo de muerte cumplia, en cierto modo, una accion inversa, pues sustraia al guerrero del olvido, intimamente asociado con la muerte. En este caso, el triunfo sobre la muerte estaba restringido a unos pocos hombres de cualidades sobresalientes y dependia de la posteridad. Como todas las caracteristicas de la epica, la relativa al tema de la muerte heroica tambien fue recogida y readaptada por Virgilio en la Eneida, la obra de mayor predicamento y difusion entre los autores cristianos. En el canto 9 (433-5), por ejemplo, las muertes de Eurialo y Niso contienen los elementos tipicos del genero, aunque con pequenas y significativas variantes: volvitur Euryalus leto, pul chrosqueper artus /it cruor. El termino mors ha sido reemplazado por el mas arcaico y noble letum, y pulcher ha sido desplazado de la orbita de aquel para vincularlo al cuerpo de Eurialo2, por donde corre la sangre que le arrebata la vida. No se trata,
